Enero 2020

El Noticiero de la Salud con ERICK ESTRADA Y ALEJANDRA ATILANO.
CÁPSULA ESPECIAL SOBRE “LA ALIMENTACIÓN PARA RECUPERAR LA SALUD Y
SOBREVIVIR A LAS PANDEMIAS” (04-01-2021)


Después de 35 años de investigaciones experimentales en modelos omnívoros y
herbívoros en el laboratorio de experimentación animal, después de 23 años de
observaciones clínicas en más de 130 mil pacientes voluntarios, de los cuales
más de 14 mil fueron diagnosticados con covid-19 que decidieron
complementar sus tratamientos médicos con las Fórmulas Herbolarias que
desarrollamos en el programa Universitario de Plantas Medicinales de
Chapingo, y usando como complemento fundamental en todos los tratamientos
la Dieta Vegetariana Cruda, observamos una recuperación del 100% cuando la
dieta es estricta.
Hemos observado que el cuerpo humano se vuelve ligeramente alcalino con la
dieta herbívora, lo cual se mide fácilmente en un Examen General de Orina; y en
esas condiciones de pH, no se reproducen los microbios patógenos, lo que da
oportunidad de fortalecer al sistema inmunológico, por ejemplo produciendo
más macrófagos para devorar al coronavirus y destruirlo; o bien, más linfocitos
para eliminar células cancerosas de cualquier tumor.
También sabemos que la Epigenina de las verduras con hojas muy verdes,
destruyen la capa de mucina que fabrica cada célula cancerosa para protegerse;
y con esa protección tienen poco efecto los medicamentos; esa capa de
proteína, la mucina, es desintegrada por la Epigenina que es abundante en
todas las verduras, y ya desnudas las células cancerosas, son destruídas por los
linfocitos del sistema inmunológico; es decir, la dieta no cura cáncer, pero sí
ayuda de manera fundamental para que el sistema inmune de cada enfermo
acabe con él.
En los primeros días de consumir la alimentación biológica de Homo sapiens, la
Dieta Vegetariana Cruda, sólo a base de frutas, verduras, semillas oleaginosas y
agua, lo primero que llama la atención es una desinflamación generalizada y
antes de observar una baja de peso, se observa una reducción en la talla de
cada parte del cuerpo.

Hemos observado que la clave de la inflamación de todos los tejidos es
provocado por el consumo de todo tipo de cereales y sus derivados más
dañinos, todos los alimentos ultra procesados, conocidos en Europa como
alimentos basura y en México como alimentos chatarra; y son estos alimentos
los que tienen sumido a México en una pandemia mucho peor que covid-19, la
diabetes, el sobrepeso, la obesidad, los infartos y el cáncer; afortunadamente
esa basura alimenticia ya fue prohibida para su venta a menores de 18 años en
los Estados de Oaxaca y Tabasco; y esta medida y el etiquetado frontal con siete
sellos que advierten de la peligrosidad de los alimentos procesados; un sello:
peligroso; dos sellos: muy peligroso; tres sellos o más: exagerada alta
peligrosidad si se consumen, y las galletas que más consumen los niños traen
cuatro sellos, al igual que los refrescos de cola. Estas dos medidas, son las
acciones más importantes que se han tomado en los últimos 100 años para
proteger la salud del pueblo de México y tienen a nuestro país en la vanguardia.
Los cereales nunca formaron parte de la alimentación humana sino hasta el
invento de la agricultura hace 10 mil años, lo cual coincidió con el uso del fuego
y los cultivos incipientes atrajeron a los animales que pronto se convirtió en la
ganadería; y al tratarse de animales sagrados ligados a los dioses, su consumo se
consideró como un privilegio, como ocurre con la leche de vaca en la India hasta
el día de hoy; o como dicen las abuelas mexicanas: “mi hijito, aunque no
desayunes, por lo menos tómate tu lechita”; con estos inventos: agricultura,
ganadería y uso del fuego para cocinar, cambió drásticamente el modelo
alimenticio de Homo sapiens: Dieta Vegetariana Cruda más Agua durante 290
mil años, 97% del tiempo y nómada, diseñado para caminar o trotar 30
kilómetros cada día para recolectar sus alimentos; pero todo cambió hace 10 mil
años, 3% del tiempo, y el Modelo Herbívoro se transformó en Modelo Omnívoro
y comenzó a ingerir casi todos sus alimentos cocinados y agregó el gran grupo
de los cereales, el gran grupo de las leguminosas y el gran grupo de los
alimentos de origen animal y sus derivados; fue así que resolvió el principal
problema existencial de cualquier especie animal: tener alimentos disponibles
todos los días; así que la especie herbívora nómada, se convirtió en una especie
omnívora cultural y sedentaria, dando origen a las civilizaciones.
El estilo de vida cultural actual: omnívoro y sedentario, explica el origen de la
mayoría de las enfermedades: sobre peso, obesidad, diabetes, infartos, cáncer,

etc., las cuales, de acuerdo a cifras de la Secretaría de Salud: el 93% de la
población mexicana vive enferma.
Las consideraciones anteriores nos llevaron hace 9 años a proponerle a la
población mexicana cada inicio de año: “probar” el estilo de vida natural de
Homo sapiens: la Dieta Vegetariana Cruda más agua y ejercicio; así que ahora,
miles de personas en todo el mundo, estamos practicando el Modelo Herbívoro
y nos proponemos de inicio llevarlo a cabo durante 6 meses: nada de origen
animal y nada cocinado.
Tenemos datos de más de 70 mil personas que lo han hecho y todas, han
recuperado su salud y han eliminado el sobrepeso.

 

 

 

 

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El Noticiero de la Salud con ERICK ESTRADA Y ALEJANDRA ATILANO.
CÁPSULA ESPECIAL SOBRE “LO QUE NO SE DICE DE LOS INFARTOS Y LAS
GRASAS” (11-01-2021)


Las Grasas forman parte fundamental de prácticamente todos los órganos de
nuestro cuerpo, gracias a ellas tenemos elasticidad y estabilidad en los tejidos,
además de la lubricación para el movimiento; además, la grasa es la materia
prima para la fabricación de varias hormonas; y es precisamente la estrategia de
nuestro organismo para almacenar la mayor cantidad de energía, en el menor
volumen: todas las harinas, azúcares y en general todos los excedentes de
carbohidratos de la dieta, así como las grasas vegetales, también excedentes de
lo necesario en la dieta, se almacenan en forma de triglicéridos, debajo de la
piel y en varios órganos y tejidos, sobre todo en la masa muscular.
Después de 40 años de investigaciones científicas en nuestros laboratorios;
tanto a nivel experimental como observaciones clínicas durante más de 20 años
en más de 130 mil pacientes que deciden complementar sus tratamientos con
nuestro Modelo de Atención en Salud Integral, hemos llegado a la conclusión de
que la especie Homo sapiens, la especie de los humanos, es Herbívora y que por
lo tanto, sólo debe de alimentarse con vegetales crudos, frescos y orgánicos más
agua, como la dieta ideal de los humanos.
Hace 10 mil años todo cambió con la agricultura, la ganadería y el uso del fuego
para cocinar, y el Modelo Herbívoro se transformó culturalmente en Omnívoro
más alimentos cocinados y de ser una especie nómada, ahora vivimos como
sedentarios; el Modelo Herbívoro-Nómada duró 290 mil años, 97% del tiempo y
el Modelo Cultural Omnívoro-Sedentario actual lleva 10 mil años, 3% del
tiempo: ahora consume casi todos sus alimentos cocinados y agregó los
cereales, las leguminosas y los alimentos de origen animal; así resolvió el
principal problema existencial de cualquier especie animal: tener alimentos
disponibles todos los días; así que la especie herbívora nómada, se convirtió en
una especie omnívora cultural y sedentaria, dando origen a la civilización
humana.
Las consecuencias se ven fácilmente: ahora somos la especie más enferma del
planeta tierra, con el 93% de la población humana enferma en México y la
Primera causa de muerte es precisamente debida al consumo de los alimentos

de origen animal: las Cardiovasculares, hipertensión, infartos, embolias,
trombosis, migrañas, várices, etc., debido al consumo de colesterol y otras
grasas saturadas, así como las grasas vegetales cocinadas, que se vuelven tan
peligrosas como las grasas animales
La sociedad humana debe saber que la grasa que provoca los infartos, es la que
se encuentra depositada en las paredes de las arterias del corazón y no las
grasas que se encuentran en la circulación; mientras estén circulando no hay
mayor peligro, aunque si son un indicador de riesgo; sobre todo debemos de
saber el nivel de oxidación de la grasa: si la cisteína se transforma en
homocisteína, nos indicará el riesgo de infarto, pues la oxidación promueve el
depósito de la grasa en las arterias del corazón; así que deberíamos de medir el
nivel de homocisteína en sangre y mantenerla por debajo de las 4 unidades y de
preferencia cercana a cero.
Es muy importante saber que cualquier grasa, por muy saludable que sea, se
oxida cuando se calienta y al volverse pegajosa, también se deposita, tapando
las arterias y los mismo pasa con todas las grasas de origen animal, sobre todo si
son fritas u horneadas.
El colesterol del huevo, el alimento común donde es más abundante, (750
mg/100g si el cascarón es rojo y 550 si es blanco); si se fríe el colesterol se
transforma en oxisterol (colesterol oxidado) y se deposita; si se consume crudo
o cocido en agua, el colesterol se mantiene en la circulación; por ello se explica
que haya personas con más de 300 miligramos por decilitro de colesterol,
incluso más de 400 y no se infartan; y por el contrario, personas con menos de
200 mg/dl sí se infartan, dependiendo de los depósitos de colesterol y grasas
vegetales fritas; cuando se toma la muestra de sangre para medir las grasas, se
cuantifican las que están circulando y ésas no provocan los infartos; son las
depositadas las causantes del infarto y ésas no se miden en un examen de
laboratorio.
Afortunadamente ya contamos con la tecnología del ultrasonido de alta
resolución, conocido como el Dopler duplex carotideo bilateral, a través del cual
se procesan las imágenes con los depósitos de grasa en las arterias y ésas grasas
son las que causan los infartos, hipertensión, etc.

La grasa del coco es el aceite vegetal más rico en grasas saturadas, con el 86%;
es decir, las grasas saludables para los humanos del aceite de coco sólo
corresponden al 14%; y por ésa razón, el Instituto Nacional de la Nutrición lo
ubica en la zona roja de alta peligrosidad en su pirámide de los alimentos y el
Instituto Nacional de Cancerología tampoco lo recomienda, pues las grasas
saturadas son causa de cáncer.
Es importante saber que toda la panadería se hace con manteca vegetal a base
de la grasa hidrogenada del coco (86% de grasa saturada) y de la palma africana
(51% de gasa saturada), la cual multiplica su peligrosidad al hornearse a más de
200 grados centígrados, formando muchas acrilamidas por la temperatura; y
también Cancerología dio a conocer en el 2015 que toda la panadería es causa
de cáncer y el Instituto de la Nutrición ubica a toda la panadería también en la
zona roja de alta peligrosidad en su pirámide de los alimentos;
afortunadamente todos esos productos cuentan con varios sellos que indican la
muy alta peligrosidad si son consumidos por los humanos: alto en azúcares, alto
en calorías, alto en grasas saturadas y alto en grasas trans.

 

 

 

 

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El Noticiero de la Salud con ERICK ESTRADA Y ALEJANDRA ATILANO.
CÁPSULA ESPECIAL “MITOS Y REALIDADES SOBRE EL ACEITE DE COCO” (04-01-
2021)
LAS INSTITUCIONES NACIONALES DE SALUD NO SOLO NO RECOMIENDAN EL
CONSUMO DEL ACEITE DE COCO Y SUS DERIVADOS, SINO QUE HAN DADO A
CONOCER LA PELIGROSIDAD POR SU CONSUMO, PUES EL 86% DE LA GRASA DEL
ACEITE DE COCO SON ÁCIDOS GRASOS SATURADOS, ÁCIDOS GRASOS CON LAS
MISMAS CARACTERÍSTICAS QUE LA GRASAS DE ORIGEN ANIMAL.


Es muy notoria la mercadotecnia alrededor de la promoción para consumir el
aceite de coco, sin embargo, es importante que el público conozca las
recomendaciones que hace el Instituto Nacional de la Nutrición, pues ubica a la
grasa de coco en la zona roja de alta peligrosidad, recomendando evitar su
consumo; también, el mismo Instituto ubica a toda la panadería en la zona roja
de alta peligrosidad pues se elabora con manteca vegetal a base de este aceite,
con el agravante de que además de ser grasa saturada, es sometida a un
proceso de hidrogenación para que del estado líquido pase al estado sólido, al
igual que las margarinas, todas ellas de alta peligrosidad si las consume el ser
humano, pues se deposita en las paredes de las arterias y al interior de los
órganos vitales, las cuales son causa de hipertensión, embolias, trombosis,
infartos, diabetes, cáncer y obesidad.
El 86% de la grasa del aceite de coco son ácidos grasos saturados, al igual que la
grasa animal; sólo el 14% de su grasa son ácidos grasos mono y poliinsaturados;
la otra palma que se usa como fuente de grasa vegetal para la industria de los
alimentos es la Palma Africana, la cual tiene el 51% de grasa saturada y 49% de
grasa no saturada; a diferencia de todos los demás aceites vegetales que se
recomiendan para consumo humano: Aceite de Oliva 86% de grasas saludables;
de Colza 94%; Aceite de Maíz 87%; Girasol y Cártamo 91% de ácidos grasos
mono y poliinsaturados, muy recomendables para el consumo humano.
El informe de la Asociación Americana del Corazón, en el 2017 informó de los
peligros que implica el consumo del aceite de coco: hipertensión, infartos
cardíacos y cerebrales, pues aumenta el colesterol malo en la sangre; al revisar
siete ensayos controlados con personas voluntarias; no se encontró diferencia
en los daños que produce al sistema circulatorio entre el aceite de coco, la

mantequilla, grasa de res, manteca de cerdo y el aceite de la palma africana y
por el contrario, todos estos alimentos ricos en grasas saturadas son factor de
riesgo determinante para una gran cantidad de enfermedades del sistema
cardíaco y circulatorio; migrañas, várices, etc.
El aceite de coco tiene el 86% de grasas saturadas, peligrosas para la salud
humana; pero, cuando a nivel experimental se aíslan las grasas buenas,
insaturadas, de este aceite, corresponden sólo al 14%, de acuerdo con una
investigación de la Dra. Marie-Pierre St-Onge, de la Universidad de Cornell.
México ocupa los primeros lugares en el consumo de alimentos industriales, a
base de harinas refinadas, la inmensa mayoría elaborados con las grasas de las
palmas como los chocolates comerciales, las fórmulas lácteas para bebés,
galletas, pastelitos, toda la chatarra y toda la panadería o bollería; razón por la
cual no fue extraño que una semana antes de terminar el sexenio pasado, el Dr.
José Narro, Secretario de Salud, nos informó que el número de infartos al
miocardio aumentaron a más del doble en el 2018, y que del total de infartados
se murió uno de cada cuatro (25%); lo cual equivale para el 2017 a más de 92 mil
500 muertos, sólo por infarto cardíaco.
En el 2017 y 2018 hubo una campaña en los medios de comunicación en donde
la Secretaría de Salud dio a conocer cuáles eran los alimentos más peligrosos
que consumen los mexicanos y uno de los carteles de página entera publicada
en todos los periódicos de circulación nacional, mostraba varios tipos de pan
dulce y le preguntaba a la población: “CUANTAS PIEZAS VAS A COMER?,
CUÁNTOS AÑOS QUIERES VIVIR?”; también se publicaron carteles con
ilustraciones de pasteles, refrescos, pizzas, tortas y tacos al pastor con las
mismas preguntas; ésta fue la campaña más importantes a nivel nacional, para
prevenir las enfermedades más comunes de los mexicanos, las cuales
mantienen enfermos a más del 90% de la población: obesidad, diabetes,
hipertensión, Alzheimer, varios tipos de esclerosis, párkinson, infartos y cáncer.
La manteca de cerdo se dejó de recomendar para el consumo humano porque
tiene el 28% de grasa saturada; también se dejó de recomendar la mantequilla
de la leche de vaca por tener el 48% de grasa saturada; sin embargo, el aceite de
coco tiene más del triple de grasa saturada que la manteca y casi el doble que la
mantequilla; por ésa razón, el Instituto Nacional de la Nutrición ubica a todas

esas grasas y a los alimentos que las contienen, en la zona roja de alta
peligrosidad.
La razón de la peligrosidad radica en la presencia del ácido graso Palmítico con
un 60% del aceite de coco y un 44% en la palma africana; los mismos ácidos
grasos de las grasas animales.
El Instituto Nacional de Cancerología, publicó en el 2013 el libro “Cáncer y Estilo
de Vida” en el cual se usa como ejemplo a la grasa de coco y de palma africana
como los alimentos con la mayor cantidad de grasa saturada, la cual es causa de
varios tipos de cáncer; situación que es agravada por las temperaturas cuando
se fríen o se hornean una gran cantidad de alimentos comunes como toda la
chatarra, galletas, panadería, pastelería; además de los chocolates comerciales,
y las fórmulas lácteas para bebés.